El Taj Mahal, prueba tanto de la pervivencia de
civilizaciones distintas a la europea como de la gran comunicación que se había
producido a nivel mundial: su bellísima armonía integra elementos asiáticos
islámicos, hindúes, árabes, persas, turcos e incluso europeos (aunque la
intervención de arquitectos italianos parece que se ha demostrado falsa)
La Edad Moderna suele
secuenciarse por sus siglos, lo que puede ser arbitrario (y suele ser
salvado con expeditivos siglos cortos o siglos largos, divididos
según convenga), pero en general la historiografía ha caracterizado una
sucesión cíclica, que algunos han querido identificar con ciclos económicos
similares a los descritos por Clement Juglar y Nicolái Kondratiev,
pero más amplios, con fases A de expansión y B de recesión secular.
Los señores Andrews (1748) posan displicentemente para Thomas Gainsborough
ante su campo de trigo. La revolución
agrícola ya está en marcha, y la industrial la
sigue. En Inglaterra, los comerciantes y financieros de la city londinense, la gentry rural y los primeros industriales fabriles no
tienen idénticos intereses de clase, pero son claramente aspectos de una misma
clase dominante, para la que quizá pueda valer el nombre burguesía (categorizado por Carlos Marx como la propietaria de los medios de producción),
y que puede identificarse con más claridad si se observa a quién representa el Parlamento a través de las sucesivas reformas
electorales que perfeccionan el sistema político de la Monarquía
Parlamentaria; a excepción de la parte que no integrará: las Trece Colonias norteamericanas. Los campesinos desposeídos y desarraigados del campo
por la política de cercamientos (enclosures) y las Leyes de pobres están alimentando el proletariado de las ciudades industriales.
Enseguida se convertirá en el taller del
mundo, cuyos océanos gobierna (Rule,
Britannia). El continente europeo seguirá sus pasos en cuanto se
deshaga de las estructuras del Antiguo Régimen.
Un siglo XVI que, tras la costosa recuperación de la
Crisis de la Baja
Edad Media, en economía presencia la Revolución de los
Precios, coincidente con la Era de los
Descubrimientos que permite una expansión europea ligada a ventajas
tecnológicas y de organización social. Pocos hechos cambiaron tanto la historia
del mundo como la llegada de los
españoles a América y la posterior Conquista y la
apertura de las rutas oceánicas que castellanos y portugueses lograron en los
años en torno a 1500. El choque cultural
supuso el colapso de las civilizaciones
precolombinas. Paulatinamente, el Atlántico gana protagonismo frente
al Mediterráneo, cuya cuenca
presencia un reajuste de civilizaciones: si en la Edad Media se dividió entre
un norte cristiano y un sur islámico (con una frontera que cruzaba Al Andalus, Sicilia y Tierra Santa), desde finales del siglo XV el eje
se invierte, quedando el Mediterráneo
Occidental, (incluyendo las ciudades costeras clave de África del Norte)
hegemonizado por la Monarquía Hispánica
(que desde 1580 incluía a Portugal), mientras que en Europa oriental el Imperio otomano alcanza su máxima expansión. Las
milenarias civilizaciones orientales (India,
China y Japón), reciben en algunas ciudades costeras una
presencia puntual portuguesa, (Goa, Ceilán, Malaca, Macao, Nagasaki misiones de San Francisco Javier),
pero tras los primeros contactos se mantuvieron poco conectados o incluso
ignoraron olímpicamente los cambios de Occidente; por el momento se lo podían
permitir. Las islas de las especias (Indonesia) y Filipinas serán objeto de una dominación colonial
europea más intensiva. Frente a la continuidad oriental, los cambios sociales
se concentran en los vértices del llamado comercio triangular:
notables en Europa (donde comienzan a divergir un noroeste burgués y un este y
sur en proceso de refeudalización), y
cataclísmicos en América (colonización)
y África (esclavismo). El crecimiento de población en
Europa probablemente no compensó el descenso en esos continentes, sobre todo en
América, en que alcanzó proporciones catastróficas y ha sido considerado como
el mayor desastre demográfico de la Historia Universal (varios investigadores
han estimado que más del 90% de la población americana murió en el primer siglo
posterior a la llegada de los europeos, representando entre 40 y 112 millones
de personas). Las convulsiones políticas y militares son asimismo
espectaculares. En la mítica Tombuctú, el Askia Mohamed I (1493-1528) produce el apogeo del
Imperio Songhay, que entra en la órbita del Islam
y decaerá en el periodo siguiente. Simultáneamente, el Renacimiento da paso a los enfrentamientos de la Reforma y las guerras de religión.
La expansión ideológica de Europa se manifiesta en la difusión del cristianismo por todo el mundo, excepto en los Balcanes, donde retrocede frente al Islam,
con el que también entra en contacto en Extremo Oriente, tras dar la vuelta al globo.
El real de plata,
o peso duro (éste acuñado en las míticas minas de Potosí en 1768) fue el antepasado del dólar americano (cuyo símbolo deriva de la
columna rodeada por la cartela "Plus Ultra",
a su vez un lema muy apropiado, por lo expansivo), y cumplía una función
similar en la economía mundial.
Escultura azteca que representa a un hombre portando el fruto del cacao.
Alimento de los dioses (se tradujo Teobroma como nombre
científico), fue usado como moneda en época precolombina. Su consumo fue
rápidamente adoptado en Europa, como el del tabaco; más lenta fue la incorporación de cultivos, como el
del maíz, el tomate o la patata. Museo Nacional de
Antropología e Historia de México.
Un siglo XVII que presenció posiblemente una crisis general (quizá provocada por la Pequeña Edad del Hielo)
que se conoce como crisis del siglo XVII,
que aparte del descenso de población (ciclos de hambres, guerras, epidemias) y
del declive de la serie de precios o de la llegada de
metales de América, fue muy desigual en la forma de afectar a los distintos
países, incluso en Europa: catastrófica para la Monarquía Hispánica
(crisis de 1640) y Alemania (Guerra de los
Treinta Años), pero impulsora para Francia e Inglaterra una vez resueltos sus problemas
internos (Fronda y Guerra Civil Inglesa).
El Imperio otomano
pierde en la batalla de Viena
su última oportunidad de expandirse frente a Europa, y comienza un lento
declive, en parte en beneficio de una Polonia que enseguida pasará el relevo al
gigantesco Imperio ruso. En su
frente oriental, resucita el Imperio persa con la dinastía safávida
que lleva a un breve apogeo el Sah Abbas I el Grande, que convierte a Isfahán en una de las ciudades más bellas del
mundo. Al mismo tiempo, en la India, que mantiene la
presencia colonial europea en la costa, se levanta un gran imperio continental
del que es prueba el Taj Mahal de Sha Jahan y comienza a descomponerse con Aurangzeb. Todos estos movimientos tienen que ver
con el vacío geoestratégico formado
en el Asia Central, que los kanatos herederos de Horda de Oro son incapaces de ocupar. En China
los intemporales ciclos
dinásticos se renuevan con el acceso de la dinastía manchú: los Qing.
Japón expulsó a los portugueses (no así a los holandeses) y se cerró en el
relativo aislamiento del periodo Tokugawa, que incluyó el
exterminio de los cristianos, pero que quizá salvó la civilización japonesa de
la colonización y permitió un desarrollo endógeno que en el siglo XIX la hará
irrumpir de golpe en la modernización. Los océanos presencian el declive
del Imperio español
(que había llegado a su cúspide, temporalmente unido al portugués) en
beneficio del holandés y el británico. Es la
edad de oro de la piratería, que permite el
efímero florecimiento de un modo de vida violento y excesivo, pero románticamente
percibido como una utopía libre en el Caribe (isla de la Tortuga).
La pimienta, objeto de lujo en la Edad Media,
provocó la codicia comercial que empujó a la búsqueda de las rutas hacia las
Islas de las Especias. Carlo Cipolla, en Allegro
ma non tropo, desarrolló en clave irónica una interpretación de la Historia
moderna basada en ello.
Un siglo XVIII que comienza con lo que Paul Hazard definió como crisis de la
conciencia europea (1680-1715), que abre paso a la Revolución científica
newtoniana, la Ilustración, la Crisis del Antiguo
Régimen y la que propiamente puede llamarse Era de las
Revoluciones, cuyo triple aspecto se categoriza como la Revolución industrial
(en el desarrollo de las fuerzas productivas,
lo tecnológico y lo económico incluyendo el triunfo del capitalismo), la Revolución burguesa
(en lo social, con la conversión de la burguesía en nueva clase dominante y la
aparición de su nuevo antagonista: el proletariado) y la Revolución liberal
(en lo político-ideológico, de la que forman parte la Revolución francesa
y las revoluciones de
independencia americanas). El desarrollo de esos procesos, que
pueden considerarse como consecuencias lógicas de los cambios desarrollados
desde el fin de la Edad Media, pondrán fin a la Edad Moderna. En Europa se
encuentra de nuevo en ascenso demográfico, que se convierte esta vez en el
comienzo de la transición demográfica,
superadas las mortalidades catastróficas: la última peste negra en Europa Occidental (Marsella, 1720)
se vence con la inesperada ayuda del rattus norvegicus, que sustituye
biológicamente a la pestífera rata negra; y con la vacuna de Jenner se obtiene la primera herramienta científica
para el tratamiento de epidemias. En cuanto al hambre, no desaparece, de hecho
el siglo presencia numerosos motines de
subsistencia (que en Inglaterra anteceden al nuevo tipo de protesta,
ligado al naciente proletariado industrial), pero que en las zonas que
desarrollan precozmente una agricultura capitalista y un sistema de transportes
modernizado pueden salvarse (en Inglaterra, Francia y Holanda el sistema de
canales fluviales antecede en un siglo al trazado del ferrocarril). En otras
continuó habiendo hasta bien entrado el XIX, como España (hambruna
de 1812, cuando se recurrió al consumo masivo de la tóxica almorta, que por las mismas fechas también fue
detectado por los ingleses en la India) o Irlanda (monocultivo de la patata que llevará al hambruna irlandesa
de 1845 y a la emigración masiva). El equilibrio europeo iniciado en
el Tratado de Westfalia
(1648) se recompone en el de Utrecht (1714) y
se mantiene no sin conflictos (varios de ellos llamados Guerra de Sucesión),
con hegemonía continental para Francia (vinculada a España
por los Pactos de Familia
de la dinastía Borbón) y
hegemonía marítima para Inglaterra, certificada
más tarde en Trafalgar
(1805). Las exploraciones de James Cook y la
ocupación de Oceanía cierran la era los descubrimientos geográficos (a la
espera de las expediciones polares).
La integración mundial avanza y surgen las primeras guerras mundiales en el sentido de que los
imperios coloniales europeos se reparten territorios distantes (India,
Canadá) al tiempo que se dirimen otros repartos
en Europa (como el de Polonia). Las posesiones
europeas llegan a su máxima expansión en América en vísperas de la Independencia
de Estados Unidos (1776) y de la Emancipación
Hispanoamericana (1808-1824), anticipada por la Revolución de los
Comuneros en 1737 y la rebelión de Túpac Amaru en 1780.
Para recoger el testigo de la sumisión colonial, África y Extremo Oriente habrán de esperar al siglo XIX,
pero en el Asia Central se asiste
a una carrera por la ocupación de un espacio geoestratégicamente vacío entre
Rusia y China. Simultáneamente, en el Pacífico norteamericano la emprenden Rusia,
Inglaterra y España, mientras la colonización de Australia es iniciada por Inglaterra sin apenas
oposición.




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