viernes, 25 de octubre de 2013

Crisis de 1973 y tercera revolución industrial


La crisis de 1973, desencadenada por la utilización del petróleo como arma política por la OPEP en el conflicto árabe-israelí, significó el comienzo de un ciclo de dificultades económicas para los países occidentales (la denominada stagflación: inflación simultánea a un estancamiento de la producción, con altas cifras de desempleo), que se agravaron en los primeros años ochenta. El keynesianismo, paradigma económico dominante desde la Gran Depresión, pasó a ser cuestionado por alternativas neoliberales (Milton Friedman y la escuela de Chicago), que planteaban como solución la reducción del papel del estado en la economía y la recuperación del papel prioritario de la iniciativa privada y del mercado libre sin interferencias ni planificación.

La central nuclear soviética de Chernóbil sufrió en 1986 el accidente más grave de la llamada era nuclear.
 
La revolución industrial había entrado en una tercera fase o revolución científico-técnica. Aunque el petróleo siguió siendo la fuente de energía dominante, la crisis (una crisis energética recurrente que se manifestaba según la coyuntura política, como demostró en 1980 la Guerra Irán-Irak y en 1990 la Guerra del Golfo) evidenció la necesidad de sustituirla por fuentes de energía alternativas, unas renovables y otras no renovables, como la energía nuclear (muy rechazada por el movimiento ecologista, que algunos países desarrollaron intensivamente para conseguir el autoabastecimiento energético -Francia-). Para otros, el encarecimiento del petróleo tuvo como efecto la posibilidad de explotación de reservas hasta entonces antieconómicas (plataformas marinas del Mar del Norte para Reino Unido y Noruega).

Las estructuras industriales más obsoletas, especialmente las más intensivas en mano de obra, sufrían un proceso de deslocalización hacia lo que por entonces se llamaba países en vías de desarrollo y a finales de siglo se llamarán nuevos países industriales, mientras que los antiguos países industrializados avanzan en un proceso de terciarización, en el que cada vez tenían más peso la aplicación de nuevas tecnologías basadas en las telecomunicaciones, la informática, la robótica y la denominada economía del conocimiento.

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