No
existe propiamente un pensamiento nacional marxista, sino que más bien se trata
de una reflexión sobre la idea de nación desde esta ideología.
Ni
Marx ni Engels trataron la idea nacional, pero de sus escritos se pueden
extrapolar algunas de sus ideas sobre el concepto de nación. Desde una
perspectiva histórica, la nación sería un producto histórico que surge como
consecuencia de la conjunción de una serie de factores geográficos y humanos: cultura,
economía...; resultado de la política liberal europea. La nación, como producto
histórico, nacería en un momento determinado de la Historia de Europa: la
transición del Antiguo Régimen al desarrollo del capitalismo y la implantación
del Estado Liberal como su forma política.
La
nación no forma un todo homogéneo, no es un ente orgánico, sino la sede de la
lucha de clases que se desarrolla en su seno. Así pues, cualquier
reivindicación nacionalista esconde, según la visión marxista, intereses de
clase, y sirve a intereses diferentes dependiendo de cuál sea la clase a la que
pertenece la élite dominante que usa la idea de nación como un instrumento a su
favor.
La
conclusión que se extrae de todo esto es la de un “Llamamiento a un
Internacionalismo Proletario”: el marxismo tiene una visión del proletariado
como entidad internacional, es decir, superior a la nación, que posee intereses
similares en todo el mundo, y que deben unirse en base a esos intereses, por
encima de sensibilidades nacionales que son ajenas a ellos, pues pertenecen a
la burguesía dominante. Las reivindicaciones nacionalistas deben quedar al
margen de la labor del proletariado.
Las
posiciones que deben tener los obreros para con el nacionalismo les encamina a
la abolición del Estado Liberal, y así, de la nación. Sólo desde una punto de
vista estratégico y que favorezca a los intereses proletarios, se pueden
utilizar las reivindicaciones nacionales, aunque el objetivo del proletariado
debe ser la Revolución y no la nación.
·
En el
siglo XX encontramos nuevas aportaciones al pensamiento nacionalista marxista,
que son, en muchas ocasiones, modificaciones sustanciales del pensamiento de
Marx, que se despegan de los conceptos originales.
Hay
tres grandes corrientes:
·
El Marxismo Occidental, encarnado por Rosa Luxemburgo (polaca)
en Alemania.
Rosa
Luxemburgo mantiene el mensaje clásico y defiende la primacía de la lucha de
clases sobre cualquier reivindicación nacional, de manera que el objetivo del
proletariado no sea otro que la revolución.
Es
inútil declarar el derecho a la autodeterminación; lo que hay que hacer es
reivindicar el fin de la opresión nacional, llevada a cabo por la burguesía
dominante.
·
Marxismo Oriental, encarnado por Otto Bauer en el Partido Social
Demócrata Austriaco.
Es
una visión distinta de la de Luxemburgo.
Esta
corriente sí considera que las reivindicaciones nacionales están en primer
orden. Esto tiene una explicación empírica, debido a la paulatina
desintegración que está sufriendo, en esos momentos, el Imperio Austro-Húngaro.
Otto
Bauer es el primero que escribe un libro sobre el nacionalismo bajo esta
perspectiva, y dice que “Una nación es un conjunto de hombres unido por la
comunidad de su destino histórico”. Así pues, se trata de una visión romántica
de la nación.
La
importancia de Bauer en el pensamiento marxista está en que no considera que
las reivindicaciones nacionales sean secundarias, y plantea, además, que una
vez que se establezca el comunismo, no desaparecerán las problemáticas
nacionalistas, sino que incluso se reanudarán y acentuarán debido al acceso de
TODOS a la CULTURA.
Llega
a pronosticar, en contra del pensamiento marxista y germánico, que los pueblos
eslavos (de los que se decía que desaparecerían debido a su debilidad), no sólo
no desaparecerían, sino que ganarían en fuerza y poder.
·
La Postura de Lenin.
Esta
es una posición independiente de Lenin, quien lanza una teoría sobre cuál es el
papel político del nacionalismo.
Lenin
es el único pensador de esta época que se plantea abiertamente, y de forma radical,
el derecho a la autodeterminación, el cual implica además el derecho a formar
un Estado nacional independiente; y afirma que la clase trabajadora debe ser
enemiga de cualquier clase de opresión, sea nacional o no.
¿Qué
justifica esta posición de Lenin para consentir la autodeterminación?. La
respuesta hay que entenderla en su contexto histórico: Lenin pretende
aprovechar el potencial revolucionario de las reivindicaciones nacionalistas
dentro del Estado Zarista, pretendiendo una alianza entre la clase trabajadora
y los sectores sociales que defienden el nacionalismo. Así pues, su intención
no es desmembrar el territorio, sino crear un Estado fuerte y grande al que se
adhieran, voluntaria y libremente, las identidades nacionales. Así el poder
central se hace compatible con las naciones que lo aceptan libremente dentro de
la federación, configurándose así un Estado Federal. De hecho, la URSS se
constituye siguiendo este principio.
De
este modo, a identidad nacional y la autodeterminación existirían, pero ésta no
tendría por qué hacerse efectiva si la federación es “más beneficiosa”.
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