Perspectiva desde la Estatua de la Libertad hacia las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, en el momento del atentado.
No obstante, las divisiones existentes en la vasta coalición pro-occidental se expresaron en la diferente actitud de cada uno de los países aliados de Estados Unidos: divergencia entre la opinión pública y los gobiernos, sobre todo en los países musulmanes (que al cabo de los años -a comienzos de 2011- llevó al estallido de revueltas simultáneas en los países árabes cuestionando la estabilidad de un gran número de regímenes autoritarios que los países occidentales consideraban valiosos contra el islamismo radical); resistencia de Francia y Alemania (denominados vieja Europa frente a la nueva Europa de los aliados más firmes de Estados Unidos -los antiguos países comunistas del Este de Europa, la España de José María Aznar y la Italia de Berlusconi-) a implicarse en la guerra de Iraq, o la salida de las tropas españolas (tras el atentado del 11 de marzo de 2004 y la inmediata victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero). Tampoco dentro de los mismos Estados Unidos la posiciones eran unánimes, sobre todo tras no encontrarse las armas de destrucción masiva que se había afirmado que poseía Saddam Husein (hecho que se había aducido como casus belli para el ataque preventivo) y otros escándalos (torturas en la prisión de Abu Ghraib y detención sin plazo ni juicio de los denominados combatientes ilegales en el centro de detención de Guantánamo, que se ha comprometido a cerrar Barack Obama -primer presidente negro de los Estados Unidos, 2009-).
El predominio de los Estados Unidos, única superpotencia de la escena internacional tras la desaparición de la Unión Soviética, se ve contestado, al menos nominalmente, por las declaraciones en favor de un mundo multipolar en vez de unipolar. En eso suelen coincidir, aunque en muy distintos términos, desde la postura común de la política exterior de la Unión Europea hasta la más agresiva del Irán de Mahmud Ahmadineyad (expresión del islamismo radical) o la Venezuela de Hugo Chávez (y otros líderes hispanoamericanos que en algunos casos reciben la denominación de indigenistas -Evo Morales en Bolivia-).
La crisis económica de 2008, que surgió como consecuencia del estallido de una burbuja financiera-inmmobiliaria, ha puesto en cuestión las bases del sistema financiero internacional y desatado el temor a una profunda recesión que cuestione la continuidad del sistema capitalista y el propio sistema democrático, identificados ambos en lo que se ha llegado a denominar capitalismo democrático; y no solo del concepto de Estado nacional, cuestionado desde hacía tiempo, sino del de integración supranacional, evidenciada la grave vulnerabilidad de la Eurozona a la crisis monetaria de 2010, agravada en los meses siguientes con las sucesivas crisis de la deuda soberana de los países periféricos. Durante el año 2011 se produjeron revueltas populares con características innovadoras en los países árabes (Primavera Árabe), simultáneamente al surgimiento de nuevos movimientos sociales en los países más desarrollados (indignados en España, occupy Wall Street en Estados Unidos, etc.); todos ellos caracterizados por su impacto viral en las redes sociales y medios de comunicación junto a la ocupación física de espacios públicos emblemáticos.
El paso del tiempo demostrará si la historiografía futura entiende la evolución histórica de los últimos o próximos años (caída de la Unión Soviética, atentado contra las Torres Gemelas, u otros hechos que estén por producirse) como el desarrollo de las mismas características propias de toda la Edad Contemporánea, o como una nueva época completamente distinta que justifique una nueva periodización de la historia o una renovación metodológica; aunque mientras los hechos y procesos están en curso, tales tareas no corresponden a la historiografía, sino a la prospectiva.
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