En la
Iglesia católica se produjo un fortalecimiento de la
tendencia conservadora a partir de
Juan Pablo II, que revisó los planteamientos más
progresistas del
Concilio Vaticano II y los pontificados anteriores (
Juan XXIII,
Pablo VI, y el efímero de
Juan Pablo I), reprimió la
teología de la liberación, muy activa en Latinoamérica (fue muy evidente su malestar por la entrada del sacerdote
Ernesto Cardenal en el gobierno sandinista de
Nicaragua) y se apoyó en movimientos
conservadores como el
Opus Dei (a cuyo fundador,
Josemaría Escrivá de Balaguer beatificó y canonizó con gran rapidez) frente a la anterior preferencia por la
Compañía de Jesús (entre cuyas filas estaban
Ignacio Ellacuría y los demás asesinados en El Salvador en 1989).
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