En el festival de Woodstock,
más allá del fenómeno musical, se visualizó un nuevo tipo de
comportamiento social atractivo para muchos jóvenes, que rompía las
convencionalismos tradicionales: liberación sexual, convivencia
interracial, utilización de drogas, desprecio de la ética del trabajo.
Las imágenes idealizadas que transmitían los seriales televisivos y las comedias de Hollywood no supusieron en realidad que la confianza en el futuro fuera generalizada. Esa década tuvo su lado pesimista en la popularización del existencialismo y del movimiento beatnik, críticas más estética que socialmente de izquierdas al capitalismo, el imperialismo y el american way of life. Los miedos presentes en ese tiempo (la Era del Miedo, según Albert Camus)80 se expresaban en el cine de serie B (con productos que iban desde Godzilla -1954- hasta La noche de los muertos vivientes -1968-). Una selecta minoría, cada vez más amplia, de jóvenes en busca de autoconocimiento (en muchas ocasiones claramente autodestructivo) se lanzó al camino de los viajes que les proporcionaban la vida en la carretera (moteros, mochileros, autostop), el amor libre y las drogas, imitando a Jack Kerouac (On the Road, 1957) o inspirados por las últimas obras de Aldous Huxley (Las puertas de la percepción, 1954). La brecha generacional que se abrió entre ellos y sus padres provocó de hecho una mayor represión y puritanismo frente a los años cuarenta, como puso de manifiesto la cruzada emprendida contra el cómic desde la publicación de La seducción del inocente de Fredric Wertham (1954). La rebeldía juvenil pretendía rechazar el mundo conservador y tradicionalista de los adultos, y se identificaba en productos que, paradójicamente, le ofrecía la propia industria del cine, como James Dean (Rebelde sin causa, 1955). Los jóvenes de los cincuenta y los sesenta percibían como un desafío generacional la lectura de libros como El guardián entre el centeno y acudir a proyecciones de películas de arte y ensayo (Nouvelle vague francesa); o provocativo el escribir literatura experimental o realizar happenings y otras manifestaciones de arte contemporáneo; transgresiones que estaban al alcance de todos, independientemente de su sofisticación intelectual, solo con leer los cómics de la Marvel o escuchar formas cada vez más sofisticadas de rock and roll (de Bill Haley a Elvis Presley, The Beatles, The Rolling Stones, The Doors o The Who).
La acumulación de presión social desde las nuevas generaciones estalló en verdaderas revueltas en la década de los sesenta, marcada por la contracultura del movimiento hippie, basado en ideales tales como el regreso a la naturaleza, la simplificación vital, el pacifismo y el rechazo al materialismo y el consumismo en nombre de un espiritualismo de base oriental (Maharishi Mahesh Yogi) o indígena americana (Carlos Castaneda) más o menos genuino; que no obstante terminaron siendo asimilados como pseudovalores integrables por el mismo sistema que pretendían subvertir. La llamada revolución de las flores o flower power dejó su impronta en movimientos tales como el megaconcierto de Woodstock (1969), la psicodelia y muy diversas sectas, comunas y otros experimentos de mayor o menor proyección.
El activismo político, el otro lado de la moneda de la desmovilización hippie o psicodélica, también caracterizó a gran parte de la juventud de la época. La movilización contra la guerra de Vietnam, extendida por los países occidentales, fue especialmente fuerte entre la juventud estadounidense, simultáneamente al movimiento por los derechos civiles, protagonizado por los afroamericanos, pero de carácter interracial (Martin Luther King, Malcolm X, John y Robert Kennedy, todos ellos asesinados entre 1963 y 1968). Las movilizaciones estudiantiles de 1968, iniciadas en el mayo francés y extendidas por Europa occidental (Alemania, Gran Bretaña, España, Italia, etc.) y América (Estados Unidos, México, etc.), tuvieron tan confuso carácter ideológico que podían emparentarse tanto con la Primavera de Praga como con la Revolución Cultural de la China maoísta, y popularizaron a pensadores tan opuestos como Heidegger y Marcuse.
La contestación juvenil y los nuevos agentes sociales generaron nuevos movimientos sociales superadores de los movimientos sociales tradicionales, como el movimiento obrero. Entre ellos estaban el ecologismo y la conciencia de los límites del crecimiento (Primavera silenciosa, Rachel Carson -1962-, informe del Club de Roma que propugnaba el crecimiento cero -1970-, Greenpeace -1971-), el movimiento por los derechos del consumidor (Inseguro a cualquier velocidad, 1965, Ralph Nader), el feminismo y otros movimientos relacionados con la revolución sexual (movimiento LGTB), la revolución o renovación educativa (Libro rojo del cole, 1969),81 la antipsiquiatría, los derechos de los discapacitados y a la vida independiente (Ed Roberts),82 y muchos otros a menudo opuestos entre sí, que iban desde el movimiento pacifista hasta el terrorismo y otras formas de violencia (Charles Manson, Patricia Hearst).
No hay comentarios:
Publicar un comentario