viernes, 25 de octubre de 2013

Revolución islámica


A partir de la revolución iraní (derrocamiento del proamericano sah Reza Pahlevi, por un movimiento integrista liderado por el ayatolá Jomeini, 1979) se produjo en todo el mundo islámico (tanto entre los chiítas como entre los mayoritarios sunnitas), y entre las numerosas colonias de inmigrantes islámicos en Europa, el llamado despertar islámico o revolución islámica, cerrando el ciclo que desde la descolonización identificaba la causa árabe con el nacionalismo de izquierdas o tercermundista. Los gobiernos y clases dominantes de los países musulmanes hubieron de optar por tres posibles estrategias: frenar el movimiento (como en Argelia, que anuló las elecciones que iban a ganar los islamistas, desencadenando una violentísima reacción armada, 1991); coexistir en un precario equilibrio (los países denominados moderados, los más firmes aliados de Estados Unidos, como las monarquías del Golfo -encabezadas por Arabia Saudí-, Egipto, Marruecos o Turquía -cuyo laicismo oficial convive desde 2003 con la presencia en el poder de Erdogan, un islamista moderado-, y los países más poblados y lejanos del ámbito árabe: Pakistán e Indonesia); o unirse a él (Sudán, 1983).

El apoyo estadounidense a los talibán afganos para la expulsión de los soviéticos de Afganistán (1979-1989) terminó convirtiendo a este país en el más claro refugio del denominado terrorismo islámico, y originando los conflictos del inicio del siglo XXI. Otra de las maniobras occidentales para intentar contener el extremismo islámico, la utilización del régimen iraquí de Saddam Hussein contra Irán (Guerra Irán-Irak, 1980-1988) también tuvo resultados totalmente contraproducentes para esa estrategia: intensificó el integrismo iraní y propició la deriva antioccidental del dictador iraquí, lo que originó también nuevas guerras en el periodo siguiente. La clave del enfrentamiento islamista contra occidente continuó siendo la persistencia del conflicto árabe-israelí, y la identificación de Estados Unidos como el principal apoyo de los judíos.

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