1820 fue la fecha en
la que el sistema político de la Restauración atravesó el momento más crítico,
es en esta fecha cuando tienen lugar movimientos revolucionarios en España,
Portugal, Piamonte, Nápoles y Grecia. Estas oleadas revolucionarias deben
interpretarse como la reacción a la Europa de la Restauración que había dejado
pendientes graves problemas de nacionalismo.
Las potencias del
Directorio, para impedir que estos brotes revolucionarios llegasen a la
implantación del liberalismo, acaban progresivamente con estos nuevos regímenes
constitucionales. Los únicos que se mantendrán serán los gobiernos de Portugal
y Grecia, esta última será reconocida como estado independiente del imperio
turco. En estos mismos años , la América española continúa luchando por su
emancipación y los nuevos Estados norteamericanos introducen instituciones
liberales en su organización política.
En torno a 1830 una
nueva oleada de mayor envergadura asola Europa; el punto de partida de estas
agitaciones es el alzamiento de orleanistas y republicanos en París en
julio de 1830; triunfan los primeros, los cuales hacen abdicar a Carlos X,
último rey francés de la casa de Borbón y proclaman a Luis Felipe de Orleáns
como rey de Francia.
Desde Francia la
revolución se extiende a Bélgica, que obtiene la independencia de Holanda, con
la que formaba hasta entonces el reino de los Países Bajos.
Los Estados centrales
de la confederación germánica serán los siguientes en sufrir la oleada
revolucionaria, seguidos de Polonia y los pequeños Estados de la Italia
central.
Las revoluciones de
1830 acabarán dando el triunfo al liberalismo en la Europa Occidental. El
siguiente ciclo revolucionario, en 1848, liberalizará los regímenes de Europa
Central.
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