viernes, 25 de octubre de 2013

Socialismo realmente existente, Plan Marshall y "milagro" europeo


Europa, dividida por el Telón de Acero en zonas de influencia mutuamente reconocidas de las dos superpotencias, cumplió el papel de escaparate donde competían sus dos sistemas, antagónicos en todos los aspectos (ideológico, político, social y económico). La reconstrucción de posguerra fue muy diferente en cada caso.

Los Estados Unidos lanzaron el Plan Marshall (1947-1951), un paquete económico de ayuda a la reconstrucción europea que los países de la órbita soviética rechazaron, con el argumento de que supondría caer en la dependencia. Como alternativa, fundaron el COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica), que reguló los intercambios bajo criterios de economía planificada y el liderazgo soviético; de un modo similar a cómo políticamente los partidos comunistas locales establecían regímenes denominados democracias populares (repúblicas populares o repúblicas democráticas) que, aunque nominalmente autorizaran algún partido no obrero (como los partidos campesinos) eran de hecho regímenes de partido único. La resistencia popular a la dominación soviética, ejercida directamente o a través de gobiernos títere, llegó a estallar en revueltas duramente reprimidas (sublevación de 1953 en Alemania del Este, revolución húngara de 1956, protestas de Poznań de 1956, Primavera de Praga de 1968, Ley Marcial en Polonia de 1981); o alternativamente, encauzadas en periodos de mayor tolerancia (octubre polaco, revolución de terciopelo, legalización del sindicato Solidarnosc) coincidentes con ciertas señales emitidas por el propio Kremlin (desestalinización, distensión, y finalmente la perestroika).

La rapidez del desarrollo de Alemania Occidental e Italia justificó el uso de las expresiones milagro alemán y milagro italiano, solo comparables al milagro japonés. De hecho, las potencias derrotadas experimentaron menos dificultades que Francia o Reino Unido, vencedoras, pero sometidas a traumáticos y prolongados procesos de independencia en sus colonias de ultramar. El enorme diferencial acumulado (en niveles de producción y sobre todo de consumo) con los países comunistas del este europeo fue decisivo para la caída de esos regímenes a partir de 1989.

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