viernes, 25 de octubre de 2013

Telón de acero, macarthismo y espionaje


Un Telón de Acero (metáfora debida a Winston Churchill) dividió Europa, y por extensión el mundo, separándolo en dos bloques, entre los que se situaban de varias zonas de influencia disputada y que se transformaron en puntos de fricción internacional. Ante el temor de suscitar crisis que amenazaran con desencadenar un enfrentamiento directo, como podría haber ocurrido durante el bloqueo de Berlín (1949) o la crisis de los misiles en Cuba (1962); la lógica de la guerra fría planteaba conflictos en zonas periféricas, de gran violencia, pero que no significaban un choque directo entre las dos superpotencias, como la guerra de Corea (1950-1953) y la guerra de Vietnam (1958-1975). No obstante, las sucesivas ampliaciones de la zona de influencia soviética (victoria del bando comunista en la guerra civil china, 1949, revolución cubana, 1959, descolonización africana) fue vista con preocupación desde el bloque occidental (teoría del dominó), que justificó la necesidad de intervenir en todo tipo de conflictos donde se identificase la posibilidad de avance soviético (doctrina Truman). De hecho, la obsesión por la infiltración comunista se aplicaba al interior de los Estados Unidos, donde entre 1950 y 1956 se desató una caza de brujas (macarthismo) entre políticos, científicos, artistas e intelectuales. La propaganda y contrapropaganda, la intoxicación o desinformación, el espionaje y contraespionaje (tanto de inteligencia militar como político o industrial ), las figuras del agente encubierto y del agente doble, fue parte esencial de la diplomacia de la época (KGB, CIA, UKUSA, Echelon, etc.). Las novelas y películas de espías se convirtieron en un género popular (El tercer hombre, Carol Reed, 1949; Ian Fleming y su personaje James Bond, etc.).

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