Apareció el
parlamentarismo, una forma de representación política que con el tiempo se convirtió en el precedente de la
división de poderes consustancial a la
democracia de la
Edad Contemporánea. La primacía en el tiempo la tiene el
Alþingi islandés (930), que seguía el modelo de los
thing
o asambleas de guerreros germanos; pero desde finales del siglo XI se
fue gestando un nuevo modelo institucional, derivado de la obligación
feudal de
consilium, que implicaba a los tres órdenes feudales, y se generalizó por Europa occidental: las
Cortes de León (1188), el
Parlamento inglés (1258) -previamente las relaciones de poder entre rey y nobleza habían sido reguladas en la
Carta EMagna, 1215, o las
Provisiones de Oxford, 1258- y los
Estados Generales franceses (1302).
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