viernes, 25 de octubre de 2013

La "historia inmediata" del "mundo actual": hacia la globalización


Diferentes presentaciones farmacéuticas de la píldora anticonceptiva. El código de barras y el blíster, con sus ligeras láminas de plástico transparente y de aluminio, son también innovaciones tecnológicas de la segunda mitad del siglo XX.
 
Las diferentes etiquetas metodológicas para designar la historia del mundo actual o del tiempo presente no han llegado a un consenso académico sobre su hito de origen, aunque el final de la Segunda Guerra Mundial, con el espectacular inicio de la era atómica y la política de bloques de la guerra fría, fue considerado, al menos hasta finales de siglo XX, como matriz del tiempo presente.

También son de uso denominaciones que se refieren a las transformaciones tecnológicas, energéticas y de los materiales propias de la tercera revolución industrial; y que bautizan como era nuclear a la que sigue a la era de la electricidad o era del petróleo (propias de la segunda revolución industrial, como la era del vapor lo fue de la primera), a pesar de que los combustibles fósiles siguieron siendo los dominantes, incluso tras la crisis energética de 1973. La era del plástico, que había comenzado con las innovaciones de la química orgánica de comienzos de siglo, se materializó efectivamente en sus décadas centrales (celofán, plexiglás, nailon, etc.). La píldora anticonceptiva (1960) revolucionó la demografía y la sociedad; al mismo tiempo que la revolución verde parecía haber encontrado la solución al dilema malthusiano de la disparidad de crecimiento entre población y recursos.

Los límites al desarrollo y al consumismo aparecieron en forma de crisis energéticas y ambientales (contaminación de suelos, aguas y atmósfera, adelgazamiento de la capa de ozono, calentamiento global), mientras la gestión de los residuos se convertía en un problema grave y a los problemas sanitarios tradicionales, ligados al hambre y al bajo nivel de vida se sumaban los derivados de la obesidad y otros trastornos alimentarios, el estrés, el tráfico derivado de la intensa motorización y la cada vez mayor presencia de tóxicos y carcinógenos de todo tipo en los alimentos y el medio ambiente. Los mismos antibióticos, de uso generalizado desde los años cincuenta, que parecían haber dotado a la medicina del arma definitiva contra las infecciones, demostraron ser solo un remedio temporal cuyo abuso degeneró en resistencia bacteriana.

La era de la información, con su correlato embrutecedor (sociedad del espectáculo y otros conceptos vinculados a la televisión y su gigantesco impacto cultural y social ) y su correlato enriquecedor (la evolución hacia las denominadas economía del conocimiento y era digital) marcan un plano de innovaciones socioeconómicas aún más decisivas de un mundo cada vez más terciarizado e integrado tras las sucesivas fases del proceso de globalización, especialmente las producidas con la institucionalización de la economía internacional por los acuerdos de Bretton Woods (1944-1946), con la apertura de las amplias zonas antes restringidas al comercio colonial (descolonización hacia 1960), y por último con la transición al capitalismo del bloque socialista (hacia 1990).

La rivalidad ideológica entre los bloques no fue tan irreconciliable como se desprendía de las declaraciones retóricas, incluso durante la distensión (Nikita Jrushchov planteaba que la misión del comunismo era esperar a ser el enterrador del capitalismo). Algunos teóricos, como Maurice Duverger, detectaron incluso la convergencia de ambos en torno distintos grados de desarrollo de un estado planificador y de la ampliación de los derechos individuales; puntos que también eran los que marcaban el campo de discrepancia de los paradigmas económicos en que se movían los socialdemócratas y los liberal-conservadores dentro de Occidente, especialmente en los países integrados en la Unión Europea. La pragmática evolución de China hacia la economía de mercado se suele interpretar en un sentido similar, aunque sus gigantescas dimensiones y el mantenimiento de su sistema político plantean incógnitas no resueltas. La interpretación más optimista es la que ve esta evolución como un fin de la historia (Francis Fukuyama). La interpretación más pesimista prevé un inevitable choque de civilizaciones (Samuel Huntington), sobre todo entre la occidental y la islámica. El panorama mundial se completa con el ascenso de otros espacios antes subdesarrollados: los tigres asiáticos y otros NIC (nuevos países industrializados) entre los que destacan Brasil e India, además de la nueva Rusia postcomunista (los denominados BRIC). La resistencia a la globalización (altermundialismo) denuncia el ahondamiento de la brecha del desarrollo entre países ricos y pobres, especialmente evidente en la tragedia continuada del África negra, y en el cuarto mundo de la pobreza en el primer mundo, enquistada en la marginación y la inmigración.

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