Inglaterra consolidó su predominio mundial conjugado con su política
de aislamiento en temas europeos, mientras Rusia se convertía en
el gendarme de Europa. El
sistema Metternich, diseñado por el canciller austríaco y basado en la coincidencia de intereses de las potencias de la
Santa Alianza (la católica Austria, la luterana Prusia y la ortodoxa Rusia, que invocaban a la
Santísima Trinidad
en el inicio de su documento fundacional), mantuvo el equilibrio
continental hasta 1848, mediante la convocatoria de congresos:
Congreso de Aquisgrán (1818),
de Troppau (1820),
de Liubliana (1821) y
de Verona (1822); basados en el
principio de intervención
para sofocar y evitar la extensión de cualquier brote revolucionario.
Inglaterra, una monarquía parlamentaria, no se sumó a la Santa Alianza,
sino a una
Cuádruple Alianza a la que posteriormente se adhirió Francia.
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