El equilibrio europeo se procuró restablecer con criterios
legitimistas en el
Congreso de Viena (1815), reponiendo a los monarcas de las casas tradicionales en sus tronos, aunque el
statu quo anterior a 1789 nunca se recuperó. Incluso la vuelta de los Borbones al trono de París se vio amenazada durante
los cien días de 1815 en que Napoleón retomó el mando e intentó desafiar de nuevo a las potencias coaligadas en la
Batalla de Waterloo, que supuso su derrota final y su confinamiento en la
isla de Santa Elena. El recelo hacia Francia se pretendió conjurar con el reforzamiento de
estados tapón en su fronteras: el
reino de Cerdeña (germen de la unidad italiana) y el
reino de Holanda (de creación napoleónica, al que se incorpora Bélgica hasta su independencia en 1830).
No hay comentarios:
Publicar un comentario