viernes, 25 de octubre de 2013
Carrera espacial y carrera de armamentos
La rivalidad entre las superpotencias desató una carrera de armamentos centrada en la posesión del arma nuclear, que los Estados Unidos desarrollaron en el último año de la Segunda Guerra Mundial (1945) y posteriormente compartieron con los británicos (1952). El proyecto soviético de la bomba atómica culminó en 1949 (en parte gracias al espionaje). Francia desarrolló su propia arma atómica en 1960 y China en 1964. La firma del tratado de no proliferación nuclear en 1968 limitó la incorporación de nuevos miembros al selecto club nuclear, al que solo se añadieron, con un esfuerzo del que se resintió su desarrollo económico, India en 1974 y Pakistán en 1998 (a la tradicional cañones o mantequilla, atribuida a Woodrow Wilson, se añadió en la época el comeremos hierba, atribuida a Benazir Bhutto). Mientras que todos estos países declararon abiertamente su condición de potencia nuclear, como parte esencial del efecto disuasivo estratégico que tal arma tiene; otros países, en cambio, han optado por la ambigüedad en ese terreno, como Israel y la República Sudafricana, que posiblemente obtuvieron armas nucleares en los años setenta (Centro de Investigación Nuclear del Néguev, Incidente Vela).
La posesión de capacidad nuclear en ambos bloques así como de vectores eficaces para alcanzar casi instantáneamente el corazón del territorio del enemigo (misil balístico, superbombardero y submarino nuclear) hacían imposible que ni siquiera el agresor pudiera sobrevivir al primer ataque, supuesta la represalia automática. Esta Destrucción mutua asegurada recibió un acrónimo de humor negro: MAD (loco, en inglés), originando un "equilibrio del terror" que suscitó el interés de los matemáticos que estaban creando la teoría de juegos (John Forbes Nash, que planteaba las ventajas de la colaboración incluso con el rival -dilema del prisionero-, y John Von Neumann, partidario de una estrategia radicalmente agresiva, representado como Dr. Strangelove en la película Teléfono rojo, volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick, 1964).
Simultáneamente, se desarrolló una frenética competición de aspecto no menos amenazador, aunque su manifestación ante la opinión pública mundial fue casi deportiva: la carrera espacial; en la que los iniciales éxitos soviéticos fueron contestados por un gigantesco esfuerzo presupuestario estadounidense, cuya superioridad económica permitió ganar la apuesta de Kennedy: llevar un hombre a la Luna antes de 1970. El retorno tecnológico de la aventura espacial permitió avances espectaculares en múltiples campos productivos.
Para ambas carreras (la militar y la espacial), fue imprescindible la inicial contribución de los ingenieros alemanes responsables de la principal innovación balística de la época (la V2) que fueron capturados al final de la Segunda Guerra Mundial: Wernher von Braun en Estados Unidos y Helmut Gröttrup en la Unión Soviética, aunque el programa espacial soviético estuvo fundamentalmente a cargo de Sergéi Koroliov.
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