jueves, 24 de octubre de 2013

Sociedades Esclavistas

La principal característica de las sociedades esclavistas era la explotación de esclavos. Sin embargo, múltiples factores como el nivel de desarrollo de las fuerzas de producción, la ubicación geográfica, las relaciones sociales, la presencia militar, etc., dieron ciertas cualidades propias de cada comunidad esclavista.

Los filósofos griegos no consideraban la condición de esclavo como moralmente reprobable, a pesar de que Aristóteles proponía liberar a los esclavos fieles. Por lo general, los esclavos eran utilizados como trabajadores domésticos, en oficios urbanos y en el campo, en la marina y el transporte. La esclavitud doméstica, por lo general, era menos dura, ya que el trato que recibían solía ser muy familiar.

a) El antiguo oriente
En torno a grandes ríos -el Eufrates y el Tigris, el Ganges, el Nilo, el Yangtsé- surgen los primeros grandes imperios. Sumer, hace 5.500 años, parece haber sido el primero. Una autoridad administrativa central legisla, imparte justicia y ejecuta sobre un extenso territorio que agrupa a muchas ciudades.

La coordinación de actividades en un amplio territorio en torno al río permite la preparación de un sistema de canales para riego. Se pueden poner en cultivo nuevas tierras, aumentar su productividad, garantizar la estabilidad, mantener más animales. La riqueza aumenta, aumenta la población, aumenta la especialización.

El cuidado y defensa de los sistemas de canales requiere la coordinación del trabajo de decenas de miles de personas que realizan obras en beneficio de agricultores a los que desconocen, asentados río abajo. Esa coordinación requiere una concentración de poder desconocida hasta entonces. Por primera vez en la historia el jefe supremo es una persona desconocida para la mayoría de sus súbditos. Un complejo aparato de intermediarios se encarga de la ejecución de sus decisiones. La especialización social se hace muy sofisticada. La sociedad se hace más estratificada.

El estudio de la historia antigua de Mesopotamia, Egipto, China y la India muestra una cíclica sucesión de dinastías de vida similar; nacen con una revolución que impone un régimen fuerte; se crea una organización de funcionarios y recaudadores de impuestos, un ejército y un sistema judicial; se realizan grandes obras públicas, se limpian los canales existentes y se construyen otros nuevos; la productividad sube y las siguientes generaciones son muy numerosas; aumentan los ingresos del estado y la élite burocrática vive en el lujo.

Pasadas un par de generaciones, el sistema burocrático se corrompe, el aumento de población absorbe los beneficios del aumento de la productividad, hay descontento, el estado se debilita, hay pequeños motines e insurrecciones, las obras hidráulicas se detienen y deterioran. Finalmente una nueva revolución cambia la dinastía.

El conflicto entre los particulares -artesanos, comerciantes, pequeños propietarios- y los administradores adquiere por primera vez tintes perfectamente identificables con el entorno actual. Ya podemos hablar del conflicto entre la iniciativa privada y la pública. El estado babilónico o egipcio promueve ciertas iniciativas particulares y desalienta otras. Las diferencias en rentas y niveles de vida se acentúan. Quizá por primera vez conviven ricos y pobres en el mismo espacio.

Los pequeños ríos europeos, encajonados entre montañas, no estimulan la creación de grandes estados y es el Mar Mediterráneo el que cumple la función de vía de comunicación y transporte. Se suceden imperios comerciales, fenicios, griegos, cartagineses y romanos, en los que una flota armada mantiene expedita esa vía, combate la piratería, garantizando la paz y unos sistemas crediticios y contractuales que permiten el comercio.

b) Antigüedad clásica

Roma:
La economía romana, como su sociedad, dependía del trabajo de esclavos, que eran fundamentales en los latifundios, minas e industrias.

Los esclavos de las ciudades tenían mejor condición social que los esclavos rurales, siendo los esclavos de las minas los de peor condición. Los esclavos de ciudad solían tener familia y una gran autonomía, y a menudo lograban la manumisión. Incluso ganaban, o podían ganar, un “peculio”.

La industria de la antigua Roma fue evolucionando poco a poco desde los tiempos oscuros de su fundación en que lo importante era la agricultura hasta el Imperio en que su desarrollo fue completo.

- Primeros tiempos y monarquía
Cuando Roma no era más que una aldea, todas las tierras del Lacio (la región donde estaba incluida Roma) eran esencialmente agrícolas. Su riqueza no iba más allá de las labores del campo y sus productos y este sistema de economía prevaleció hasta el cuarto rey, es decir hasta Anco Marcio. Pero estos pueblos mantenían un activo comercio con los etruscos que ya tenían una civilización muy avanzada y una industria muy desarrollada. Estos pueblos del Lacio mantenían también relaciones comerciales con los pueblos griegos asentados en todo el litoral de Italia y que enviaban sus productos elaborados.

De esta manera el incipiente comercio fue suscitando poco a poco una producción indígena, mínima en sus comienzos pero con gran interés en su desarrollo. El primer centro industrial se dio en el campo de la metalurgia y en Palestrina, al este de Roma, donde se empezó a producir objetos de bronce para uso doméstico y joyas de oro.

A la muerte del cuarto rey Anco Mancio (que era etrusco de nacimiento y de formación), la sociedad romana había cambiado. La guerra y su modo de hacerla habían cambiado también y estimulaban una industria que llegó a ser necesaria. A la llamada de esta incipiente industria empezaron a llegar etruscos especializados, indispensables para el trabajo: carpinteros, mercaderes, herreros, armeros, etc. Venían de Tarquinia (en la costa del mar Tirreno), de Arezzo (en la Toscana, al sureste de Florencia) y de Veyes (una de las más importantes ciudades etruscas al noroeste de Roma). Floreció así la industria en Roma y a su vez atrajo mano de obra campesina. El siguiente rey, Lucio Tarquinio Prisco fue el rey de la gran industria. Necesitó muchas armas para sus luchas contra los sabinos y los otros habitantes del Lacio, y la industria pesada se las proporcionó.

En tiempos de su sucesor Servio Tulio, el régimen capitalista dio el monopolio del poder a la gran industria ya establecida.

- Industria en la República
A medida que Roma iba conquistando los distintos pueblos que componían la península de Itálica la producción industrial iba aumentando, incrementándose con la industria de estas ciudades sometidas y los artesanos itálicos emigraban a la ciudad de Roma donde encontraban más comodidad y trabajo, dando así origen a una industria local. Muchas industrias florecieron por la aparición de las grandes obras públicas, por el aumento de población y sus necesidades y por el refinamiento del lujo que ya despuntaba en la gran ciudad.

Fuera de Roma hay que destacar el auge que tuvo la industria en la región de Campania, en la Italia meridional, junto al mar Tirreno. En esta época y en estas tierras hay una gran riqueza agrícola (sobre todo mucha plantación de viñas) e industrial con la fabricación de bronces, vasos de barro cocido y cristal, y en el sector alimentario hay una gran y famosa elaboración del garum. En la región de Apulia (al este de Campania) se fabricaba una lana de muy buena calidad y muy apreciada por los romanos.

En el norte había varias ciudades con industrias florecientes: en la ciudad de Bérgamo se fabricaban buenos objetos de bronce. En Módena (antigua Mutina en la Emilia-Romaña), tenían fama las tejas, en Pola, las ánforas y en Aquilea eran célebres las tintorerías y el cristal. La arqueología ha venido a descubrir y a demostrar además, que en estas tierra existían varios talleres donde se trabajaba el ámbar que se traía de las regiones del Báltico.

El ámbar era un material muy solicitado para obtener objetos comunes y para hacer ornamentos para las mujeres del pueblo; las matronas no llevaban ámbar en sus adornos, sólo oro y piedras preciosas, aunque se ha sabido que hubo una época en que se puso de moda entre ellas el llevar una bolita de ámbar en la mano como perfume para los malos olores que pudieran despedir las cloacas de las calles.

- Época imperial
Varios acontecimientos contribuyeron en la multiplicación y desarrollo de la industria en esta época del Imperio. Uno de los más importantes fue la mejora de las comunicaciones terrestre y marítima. El comercio con los países lejanos y la exigencia cada vez mayor de los abastecimientos militares, vinieron a incrementar la industria.

El cristal era importado de Egipto, primer lugar del Mediterráneo donde surgió esta fabricación. Roma importaba las ricas copas de cristal que sólo los grandes señores podían disfrutar y de las que se hacía gran ostentación en las casas. Cuando esta industria empezó a desarrollarse por toda Italia se hicieron trabajos algo más bastos y después surgió la fabricación de piedrecitas de cristal destinadas a la elaboración de mosaicos, alternando con el mármol el ónice y el oro. Se empezaron a fabricar también en cristal unas láminas especiales que se adaptaban a las ventanas, llamadas specularia (o gruesas láminas de cristal) y que se emplearían en sustitución de las láminas de talco llamadas lapis specularis que hasta la fecha era lo que servía como hoja de una ventana. En las excavaciones de Pompeya fueron encontrados fragmentos de specularia.

En esta época imperial surge una gran competencia con las provincias romanas del Norte y de Occidente. En Hispania se produce un acero templado de gran calidad, buenas lanas y buen garum. En la Galia sobresale el arte del bronce y los trabajos de metales preciosos junto con los vasos de arcilla y el calzado (que se difundió por todas partes y fue muy apreciado). En el norte de Europa se producían buenas armas.

- Mano de obra en la industria romana
Durante los siglos del Imperio la producción industrial se fue desarrollando plenamente. A esto contribuyó en gran medida el aumento de esclavos que eran importados desde batallas ganadas por los ejércitos de Roma.

Los esclavos que eran destinados a fines industriales eran distribuidos en las llamadas escuadras o collegia y tenían un jefe técnico, el praepositus. El trabajo se distribuía según la capacidad individual de cada persona. Nacieron así las maestranzas serviles que eran grupos de trabajadores especializados. Cada grupo se consideraba una unidad con una estructura muy rígida.

El ciudadano romano que había obtenido (por la compra o por otros medios) un gran número de esclavos especializados podía sacar un buen beneficio; el negocio podía encauzarse de dos maneras, o bien sirviéndose directamente del trabajo de estos esclavos o bien alquilándolos a terceros. Esta segunda modalidad era muy rentable y llegó a proporcionar abundantes fortunas.

Para realizar un trabajo de envergadura había que dirigirse al empresario o redemptor y éste proporcionaba la mano de obra entre los grupos de esclavos. Todas las grandes obras públicas y privadas que emprendieron los romanos en la época del Imperio se hicieron siguiendo este procedimiento.

Además de este sistema seguía existiendo el artesano libre, a quien no le faltaba trabajo. Para llegar a ser un buen profesional, el artesano estaba obligado a seguir unos pasos de aprendizaje indispensables. El obrero libre cobraba una paga fijada de antemano, o bien a destajo, o por jornada, que duraba el tiempo en que el sol alumbraba.

Grecia:
La polis o ciudad estado forman la clave de la historia griega. La polis era una comunidad limitada, independiente y autónoma que exigía la lealtad de sus miembros. Su surgimiento fue dictado por su geografía: Grecia es una región escarpada, pero alrededor de la costa se encuentran planicies pequeñas, que están separadas unas de otras por cadenas montañosas que llegan a ser infranqueables en invierno y son difíciles de atravesar en cualquier ocasión.

Ruinas de Agora, un famoso centro comercial en la Antigua Atenas. Esta ciudad fue durante siglos el corazón de la Antigua Grecia.
La cultura griega surgió en un paisaje fragmentado por fértiles cuencas, cada una de las cuales constituía el centro de un pequeño estado. En su apogeo, Atenas, habría llegado a tener una población de 100.000 habitantes, siendo la más grande de todas las polis.

La mayoría de las ciudades de la Grecia Antigua se establecieron como pequeños asentamientos al abrigo de una ciudadela o acrópolis, con defensas naturales.

- Economía
A diferencia de las grandes civilizaciones orientales, de carácter esencialmente continental y agrícola, la civilización griega fue básicamente marítima y comercial.
El componente geográfico fue una causa fundamental, puesto que el relieve accidentado dificultaba los cultivos; simultáneamente, la cercanía de cualquier punto de Grecia al mar y la existencia de numerosas islas favorecían la navegación.

Aún así, durante la época clásica, la agricultura griega se adaptó al relieve existente, y en los valles, donde el agua era más abundante, se cultivaban trigo y hortalizas, y en las tierras de las pendientes de las montañas, se cultivaban la vid y el olivo, del cual se obtenía aceite, un producto fácilmente comerciable. También se plantaban higueras.

Entre los olivos y aprovechando los pastos de montaña, había rebaños de cabras y ovejas.

La Grecia del siglo VIII A.C. era una sociedad eminentemente rural, donde la principal riqueza era la propiedad de la tierra.
A partir del año 700 A.C., Grecia comenzó una colonización básicamente comercial a lo largo de la orilla norte del Mediterráneo y toda la ribera del Mar Negro.

- Centros de poder
El centro de poder y la cultura de la antigua Grecia residía no sólo en las ciudades de Grecia continental, sino también en las islas egeas y de Jonia, en Anatolia occidental.

En el siglo VIII, Jonia se encontraba al frente de la cultura y filosofía griegas y ciudades como Mileto y Éfeso siguieron floreciendo como centros de importancia durante el Imperio romano.
El corazón de la cultura griega se hallaba en las tierras que bordeaban el Mar Egeo, y las islas que allí existían, y no en la Grecia continental.
A partir de la época clásica, el Egeo constituyó una propiedad exclusiva de los griegos.

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