La
Revolución de 1820 o
ciclo mediterráneo se inició en España (la sublevación de
Riego
frente al cuerpo expedicionario que iba a embarcarse para América, 1 de
enero de 1820) y se extendió, por un lado a Portugal (que en las
llamadas
Guerras Liberales -
revolución de Oporto, 24 de agosto de 1820- se
independiza
de Brasil en una guerra civil en la que, al contrario que en el caso de
la independencia hispanoamericana, fue en la metrópoli donde los
elementos más liberales controlaron la situación en perjuicio de la rama
más tradicionalista de la dinastía, donde quedó asentada como
Imperio de Brasil); y por otro a Italia (donde sociedades secretas de tipo masónico, como los
carbonarios,
inician levantamientos nacionalistas contra las monarquías austríaca en
el norte y borbónica en el sur, proponiendo la española
Constitución de Cádiz como texto aplicable para sí mismos). De un modo menos vinculado, también se sitúa conológicamente próxima la
sublevación de los griegos iniciada en 1821, que se emanciparon del
Imperio otomano
con el decisivo apoyo de las potencias europeas (principalmente
Francia, Inglaterra y Rusia). Significativamente fueron las mismas
potencias (con la excepción de Inglaterra y la adición de Austria y
Prusia) quienes protagonizaron activamente la
contrarrevolución para sofocar conjuntamente, mediante la
Santa Alianza los brotes revolucionarios que podían amenazar la continuidad de las monarquías absolutas, y lo siguieron haciendo hasta 1848.
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