jueves, 24 de octubre de 2013

Mariología


La intensificación del papel de la Virgen María, que pasa a ser una corredentora con atributos investigados por la mariología y aún no dogmatizados (Inmaculada Concepción, Asunción de la Virgen), con nuevas devociones y oraciones (Avemaría -yuxtaposición de textos evangélicos que se introduce en occidente en el siglo XI-, Salve -adoptada por Cluny en 1135-, Rosario -introducido por Santo Domingo contra los albigenses-), una fiebre de fundaciones de iglesias en su nombre, y con un amplísimo tratamiento artístico. En la época del amor cortés la devoción a la Virgen apenas podía distinguirse, al menos en las formas, de la que el caballero sentía por su dama. 

La mariología había nacido en la Antigüedad tardía con la patrística, y el culto popular de la virgen fue uno de los factores clave de la suave transición del paganismo al cristianismo, que suele interpretarse como una adaptación del patriarcal monoteísmo del judaísmo al matriarcal panteón de las diosas-vírgenes-madre del Mediterráneo clásico: la cananea Astarté, la babilonia Istar, las griegas Rea y Gaia, la frigia Cibeles, la Artemisa de Éfeso, la Deméter de Eleusis, la egipcia Isis, etc. La controversia Cristotokos-Theotokos (María como "Madre de Cristo" o "Madre de Dios"), y el amplio tratamiento de ésta en el arte bizantino habían caracterizado a la iglesia oriental. El protagonismo de la Virgen quedaba ampliamente compensado con la misoginia del tratamiento de otras figuras femeninas, destacadamente Eva, la Magdalena y Santa María Egipcíaca. La renuncia al cuerpo (la carne enemiga del alma) y a las riquezas, que da oportunidad al arrepentimiento y la redención (y confía su gestión a la Madre Iglesia) solía ser el aspecto más destacable también en las vidas de otras santas y mártires.

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