Dinamismo interno: económico, social, tecnológico e intelectual
Un campesino ordeña una oveja, mientras en la cabaña un niño come ante
una mesa (los muebles no eran muy habituales en las casas de los
pobres). Ilustración del siglo XIV de
Tacuinum sanitatis, un tratado médico árabe de
Ibn Butlan
que se tradujo al latín y tuvo una gran difusión por Europa Occidental
en la Baja Edad Media, como otras obras de origen similar.
Lejos de ser un sistema social anquilosado (el cierre del acceso a los
estamentos es un proceso que se produce como reacción conservadora de los
privilegiados, tras la crisis final de la Edad Media, ya en el
Antiguo Régimen),
el feudalismo medieval demostró suficiente flexibilidad como para
permitir el desarrollo de dos procesos, que se retroalimentaron
mutuamente favoreciendo una rápida expansión. Por una parte, el asignar
un lugar a cada persona dentro del sistema, permitió la expulsión de
todos aquellos para quienes no había lugar, enviándolos como colonos y
aventureros militares a tierras no ganadas para la Cristiandad
Occidental, expandiendo así brutalmente sus límites. Por la otra, el
asegurar un cierto orden y estabilidad social para el mundo agrario tras
el fin del periodo de las invasiones; aunque ni mucho menos se acabaron
las guerras -consustanciales al sistema feudal- el nivel habitual de
violencia en periodos bélicos tendía a controlarse por las propias
instituciones -
código de honor,
tregua de Dios, acogimiento a
sagrado- y en periodos
normales tendía a
ritualizarse - desafíos,
duelos,
rieptos,
justas,
torneos,
paso honroso-,
aunque no desaparecía ni en las relaciones internacionales ni dentro de
los reinos, con unas ciudades que basaban su seguridad y
pax urbana en sus fuertes murallas, sus toques de queda y su expeditiva justicia, y unos inseguros campos en los que
señores de horca y cuchillo imponían sus prerrogativas e incluso abusaban de ellas (
malhechores feudales), no sin encontrar la resistencia antiseñorial de los siervos, a veces mitificada (
Robin Hood). A diferencia del
modo de producción esclavista (y del
modo de producción capitalista), el
modo de producción feudal
ponía en el productor -campesino- el interés en el aumento de la
producción, puesto que se beneficiaba directamente de él: si la cosecha
es mala, no por ello no paga renta, si la cosecha es buena, se beneficia
de esa ventaja. Es por ello que el sistema por sí sólo estimula el
trabajo y la incorporación de lo que la experiencia demuestre como
buenas prácticas agrícolas, incluso la incorporación de nuevas técnicas
que mejoren el
rendimiento de la tierra.
Si el aumento de la producción es permanente y no coyuntural (una sola
buena cosecha por causas climáticas), quien empezará a recibir estímulos
será el señor feudal, que detectará ese aumento de los excedentes cuya
extracción es la base de su renta feudal (mayor uso del molino, mayor
circulación por los caminos y puentes, mayor consumo en tiendas y
tabernas; de todos los cuales cobra impuestos o aspirará a hacerlo),
incluso se verá impulsado a subir la renta. Cuando lo que ocurre es que
los campesinos, empujados por el aumento de sus familias, presionan los
límites de los mansos
roturando tierras antes incultas (
eriales, pastos,
bosques,
humedales
desecables), el señor podrá imponer nuevas condiciones, e incluso
impedirlo, porque forman parte de su reserva o de sus usos
monopolísticos (caza, alimento de sus caballos).
Caballos de tiro equipados con
colleras
para permitir el aprovechamiento eficaz de su fuerza. La fotografía es
actual, pero la tecnología empleada es similar a la mejorada en la Edad
Media.
Esa dinámica
lucha de clases
entre siervos y señores dinamizaba la economía y hacía posible el
inicio de una concentración de riquezas acumuladas a partir de las
rentas agrícolas; pero nunca de manera comparable a la
acumulación de capital propia del capitalismo, pues no se hacía con ellas
inversión productiva (como hubiera ocurrido de disponer los campesinos del uso del excedente), sino
atesoramiento
en manos de nobleza y clero. Tal cosa, en última instancia, a través de
los programas de construcción (castillos, monasterios, iglesias,
catedrales, palacios) y el
gasto suntuario en productos de lujo -
caballos,
armas sofisticadas,
joyas,
obras de arte,
telas de calidad,
tintes,
sedas,
tapices,
especias- no pudo dejar de estimular el rudimentario
comercio a larga distancia,
la circulación monetaria y la vida urbana; en definitiva, el
resurgimiento económico de Europa Occidental. Irónicamente, ambos
procesos terminarían por minar las bases del feudalismo, y llevarlo
hacia su destrucción. No obstante, no hay que imaginar que se produjo nada parecido a la
revolución agrícola previa a la
revolución industrial:
el hecho de que ni campesinos ni señores pudieran convertir en capital
el excedente (unos porque se lo extraían y otros porque su posición
social era incompatible con las actividades económicas) hacía lenta y
costosa cualquier innovación, además del hecho de que cualquier
innovación chocaba con
prejuicios ideológicos y una
mentalidad fuertemente
tradicionalista, ambas cosas propias de la
sociedad preindustrial. Sólo en el transcurso de siglos, y debido al ensayo y error del buen hacer artesanal de anónimos
herreros y
talabarteros
sin ningún tipo de conexión con la investigación científica, se produjo
la incorporación de escasas pero decisivas mejoras técnicas como la
collera (que posibilita el aprovechamiento eficaz de la fuerza de los
caballos de tiro, que empiezan a sustituir a los
bueyes) o el
arado de
vertedera (que sustituye al
arado romano en las tierras húmedas y pesadas del norte de Europa, no así en las secas y ligeras del sur). El
barbecho de
año y vez
siguió siendo el método de cultivo más utilizado; la rotación de
cultivos era desconocida, el abonado era un recurso excepcional, dada la
escasez de animales, cuyo estiércol era el único abono disponible; el
regadío estaba limitado a algunas de las zonas mediterráneas de cultura
islámica; se escatimaba la utilización de hierro en herramientas y
aperos de labranza, dado su coste inasumible por los campesinos; el
nivel técnico, en general, era precario. El
molino de viento
fue una transferencia tecnológica que, como tantas otras en otros
campos (pólvora, papel, brújula, grabado), provenía de Asia. Aún con su
alcance limitado, el conjunto de innovaciones y cambios se concentró
especialmente en un periodo que algunos historiadores han venido en
llamar el "Renacimiento" del siglo XII o la
Revolución del siglo XII,
momento en el que el dinamismo económico y social, a partir del motor
principal, que es el campo, produce el despertar de un mundo urbano
hasta entonces marginal en Europa Occidental, y el surgimiento de
fenómenos intelectuales como la
universidad medieval y la
escolástica.
La universidad
Siguiendo el precedente de la organización carolingia de las escuelas palatinas, catedralicias y monásticas (debida a
Alcuino de York -
787-), más que el de otras instituciones semejantes existentes en el mundo islámico,
Nota 15 las primeras universidades de la Europa cristiana fueron fundadas para el estudio del
derecho, la
medicina y la
teología. La parte central de la enseñanza envolvía el estudio de las artes preparatorias (denominadas
artes liberales por cuanto eran mentales o espirituales y
liberaban del trabajo manual propio de las
artesanías, consideradas
oficios viles y mecánicos); estas artes liberales eran el
trivium (
gramática,
retórica y
lógica) y el
quadrivium (
aritmética,
geometría,
música y
astronomía).
Después, el alumno entraba en contacto con estudios más específicos.
Además de centros de enseñanza, eran también el lugar de investigación y
producción del saber, y foco de vigorosos debates y polémicas, lo que a
veces requirió incluso las intervenciones del poder civil y
eclesiástico, a pesar de los
fueros
de los que estaban dotadas y que las convertían en instituciones
independientes, bien dotadas económicamente con una base patrimonial de
tierras y edificios. La transformación cultural generada por las
universidades ha sido resumida de este modo:
En 1100, la escuela seguía al maestro; en 1200, el maestro seguía a la escuela. Las más prestigiosas recibían el nombre de
Studium Generale,
y su fama se extendía por toda Europa, requiriendo la presencia de sus
maestros, o al menos la comunicación epistolar, lo que inició un fecundo
intercambio intelectual facilitado por el uso común de la lengua culta,
el latín.
Entre 1200 y 1400 fueron fundadas en Europa 52 universidades; 29 de
ellas de fundación papal, las demás de fundación imperial o real. La
primera fue posiblemente
Bolonia (especializada en Derecho, 1088), a la que siguió
Oxford (antes de 1096), de la que se escindió su rival
Cambridge (1209),
París, de mediados del siglo XII (uno de cuyos colegios fue
la Sorbona, 1275),
Salamanca (1218, precedida por el
Estudio General de Palencia de 1208),
Padua (1222),
Nápoles (1224),
Coímbra (1308, trasladada desde el
Estudio General de Lisboa de 1290),
Alcalá de Henares (1293, refundada por el
Cardenal Cisneros en 1499),
la Sapienza (Roma, 1303),
Valladolid (1346), la
Universidad Carolina (
Praga, 1348), la
Universidad Jagellónica (
Cracovia, 1363),
Viena (1365),
Heidelberg (1386),
Colonia (1368) y, ya al final del periodo medieval,
Lovaina (1425),
Barcelona (1450),
Basilea (1460) y
Uppsala (1477). En medicina gozaba de un gran prestigio la
Escuela Médica Salernitana, con raíces árabes, que provenía del siglo IX; y en 1220 empezó a rivalizar con ella la
Facultad de Medicina de Montpellier.
La escolástica
La
escolástica fue la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval, tras la
patrística de la Antigüedad tardía, y se basó en la coordinación de
fe y
razón (en principio la identificación de ambas), que en cualquier caso siempre suponía la clara sumisión de la
razón a la
fe (
Philosophia ancilla theologiae -la
filosofía es esclava de la
teología-). Pero también es un
método de trabajo intelectual: todo pensamiento debía someterse al
principio de autoridad (
Magister dixit -lo dijo el Maestro-), y la enseñanza se podía limitar en principio a la repetición o
glosa de los textos antiguos, y sobre todo de la
Biblia, la principal fuente de conocimiento, pues representa la
Revelación divina;
a pesar de todo ello, la escolástica incentivó la especulación y el
razonamiento, pues suponía someterse a un rígido armazón lógico y una
estructura esquemática del discurso que debía exponerse a refutaciones y
preparar defensas. Desde el comienzo del siglo IX al fin del XII los
debates se centraron en la
cuestión de los universales, que opone a los
realistas encabezados por
Guillermo de Champeaux, a los
nominalistas representados por
Roscelino y a los
conceptualistas (
Pedro Abelardo). En el siglo XII tiene lugar la recepción de textos de
Aristóteles antes desconocidos en Occidente, primero indirectamente a través de los filósofos judíos y árabes, especialmente
Avicena y
Averroes, pero en seguida directamente traducido del griego al latín por san
Alberto Magno y por
Guillermo de Moerbeke, secretario de santo
Tomás de Aquino, verdadera cumbre del pensamiento medieval y elevado al rango de
Doctor de la Iglesia. El apogeo de la escolástica coincide con el siglo XIII, en que se fundan las
universidades y surgen las
órdenes mendicantes:
dominicos (que siguieron una tendencia
aristotélica -los anteriormente citados-) y
franciscanos (caracterizados por el
platonismo y la tradición
patrística -
Alejandro de Hales o san
Buenaventura-).
Ambas órdenes coparán las cátedras y la vida de los colegios
universitarios, y de ellas procederán la mayoría de los teólogos y
filósofos de la época.
El siglo XIV representará la crisis de la escolástica a través de dos franciscanos británicos: el
doctor subtilis Duns Scoto y
Guillermo de Occam. Precedente de ambos sería la
Escuela de Oxford (
Robert Grosseteste y
Roger Bacon) centrada en el estudio de la
naturaleza, defendiendo la posibilidad de una
ciencia experimental apoyada en la
matemática, contra el
tomismo
dominante. La polémica de los universales se terminó decantando por los
nominalistas, lo que dejaba un espacio a la filosofía más allá de la
teología.
Los intelectuales medievales buscaban entender los principios
geométricos y armónicos con los que Dios habría creado el Universo. El
compás en esta ilustración de un manuscrito del siglo XIII es un símbolo del acto de
creación de Dios.
| Ergo Domine, qui das fidei
intellectum, da mihi, ut, quantum scis expedire, intelligam, quia es
sicut credimus, et hoc es quod credimus. Et quidem credimus te esse
aliquid quo nihil maius cogitari possit. An ergo non est aliqua talis
natura, quia "dixit insipiens in corde suo: non est Deus" ? |
Luego Señor, tú que
das el entendimiento a la fe, dame de entender, tanto como consideres
bueno, que tú eres como creemos y lo que creemos. Y bien, creemos que tú
eres algo mayor que lo cual no puede pensarse cosa alguna. Ahora,
¿acaso no existe esta naturaleza, porque "dijo el necio en su corazón:
no hay Dios" ? |
Dicitur Exodi III, ex persona Dei, ego sum qui sum.
Deum esse quinque viis probari potest... Quinta via sumitur ex
gubernatione rerum. Videmus enim quod aliqua quae cognitione carent,
scilicet corpora naturalia, operantur propter finem, quod apparet ex hoc
quod semper aut frequentius eodem modo operantur, ut consequantur id
quod est optimum; unde patet quod non a casu, sed ex intentione
perveniunt ad finem. Ea autem quae non habent cognitionem, non tendunt
in finem nisi directa ab aliquo cognoscente et intelligente, sicut
sagitta a sagittante. Ergo est aliquid intelligens, a quo omnes res
naturales ordinantur ad finem, et hoc dicimus Deum.
|
Se dice en Éxodo 3,14 de la persona de Dios: "Yo soy el que es."
La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas...
La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos
que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos
naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando
cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se
deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino
intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al
fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como
la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el
que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios. |
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