Tal denominación, debida al historiador
Arno Mayer (parafraseando el título de un estudio de
E. H. Carr prácticamente contemporáneo a los hechos), se refiere a las tres críticas décadas que incluyen las dos
guerras mundiales y el convulso
período de entreguerras, con la descomposición de los Imperios
Austrohúngaro,
Turco y
Ruso; la agudización de las tensiones sociales que llevaron a revoluciones como
la Mexicana,
la Rusa y la llamada
Revolución Española simultánea a la
Guerra Civil; la crisis del
sistema capitalista manifiesta desde el
Jueves Negro de 1929; y el surgimiento de los
fascismos y sistemas políticos autoritarios; al tiempo que se desarrollan los primeros
Estados Sociales de Derecho, como la
República de Weimar, prácticas de
pacto social como los
Acuerdos Matignon, y se aplican las teorías económicas de
John Maynard Keynes (divergentes del liberalismo clásico) en los programas intervencionistas del
New Deal de
Franklin Delano Roosevelt. La correspondiente crisis intelectual se hizo manifiesta en los
cambios revolucionarios de paradigmas científicos y en la revolución estética de las
vanguardias.
Se extendió la conciencia de haber entrado en un mundo radicalmente
nuevo, en que el orden social tradicional se había subvertido para
siempre, y caracterizado por el protagonismo de las
masas ante el que las
élites buscaban nuevas formas de control (concepto de
Manufacturing consent del periodista
Walter Lippmann y
Edward Bernays, sobrino de
Freud, que aplicó las técnicas del psicoanálisis a la publicidad y las
relaciones públicas en la dinámica sociedad estadounidense; obras de gran altura intelectual, como
La decadencia de Occidente de
Oswald Spengler o
La rebelión de las masas de
José Ortega y Gasset).
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