Mientras que para el Mediterráneo Oriental el fin de la Edad Media supuso el avance imparable del islámico
Imperio otomano,
en el extremo occidental, los expansivos reinos cristianos de la
Península Ibérica, tras un periodo de crisis y ralentización del avance
secular hacia el sur, simplificaron el mapa político con la unión
matrimonial de los
Reyes Católicos (
Fernando II de Aragón e
Isabel I de Castilla), los acuerdos de estos con el de Portugal (
Tratado de Alcáçovas, que suponían el reparto de influencias sobre el Atlántico) y la
conquista de Granada.
Navarra, dividida en una guerra civil entre bandos orientados e
intervenidos por franceses y aragoneses, sería anexionada en su mayor
parte a la creciente
Monarquía Católica en 1512.
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