La
cuestión social,
es decir, la conciencia de la grave situación de las clases bajas, y su
percepción como amenaza por parte de las clases medias y altas, se
había convertido en un tópico. Los escasos medios paliativos de la
caridad tradicional, del
paternalismo de muchos empresarios y de las llamadas a la
justicia social por parte de instituciones religiosas o de otro tipo de
asociaciones humanitarias, no parecían suficientes dada la magnitud de las masas degradadas a la condición de
lumpen. Incluso desde las posiciones políticas
burguesas (conservadoras, reformistas o liberales) se planteaba la necesidad de leyes (el
derecho laboral)
que protegieran a los trabajadores de las consecuencias más graves del
pauperismo y la degradación social, a pesar de que tal cosa fuera
incompatible con el concepto de
estado mínimo liberal o con el
respeto a la literalidad de las propuestas de la economía clásica. Desde
fechas tan tempranas como 1830, aunque de forma esporádica e
inorgánica, se fueron prohibiendo o limitando el
trabajo infantil y el
trabajo femenino; y mucho más adelante se fueron estableciendo diferentes tipos de controles sanitarios o de
seguridad laboral e
inspección de trabajo. Con la misma lógica, se establecieron
descansos en
domingos y
festivos,
jornadas máximas,
salarios mínimos y todo tipo de
seguros sociales: de invalidez, de enfermedad, de vejez y de desempleo; así como políticas de contenido social como la
escolarización obligatoria. En muchos países se fue permitiendo que la
actividad sindical, cuya prohibición era un requisito de la
libre contratación necesaria para el mercado libre, fuera convirtiéndose en legal (
derecho de asociación,
derecho de huelga), del mismo modo que se levantaron las prohibiciones a las
asociaciones empresariales. En cualquier caso, tanto unas como otras habían tenido acogida en otras instituciones (
montepíos,
clubes de todo tipo,
cámaras de comercio, etc.).
El primer cuerpo orgánico de leyes protectoras de los trabajadores se implantó en Alemania entre 1870 y 1880 por iniciativa de
Otto von Bismarck,
quien a pesar de su origen social en la aristocracia prusiana y sus
apoyos entre la burguesía capitalista, entendió la necesidad de combatir
políticamente a los socialistas privándoles de sus principales causas
de queja y conseguir la estabilidad social y la cohesión nacional del
nuevo estado unificado, que como todos los europeos y americanos, fue
implantando el
sufragio universal.
Un estado que reconoce al más pobre la misma capacidad de decisión
política que al más rico, por su propia seguridad se ve obligado a
procurar que también pueda ejercer su libertad en mínimas condiciones de
dignidad humana. Es el denominado
estado social, precedente del
estado de bienestar y pieza necesaria de la
sociedad de consumo de masas.
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