La pax romana de Augusto y el Imperio
no podía significar el fin del expansionismo militar, pues si se
acababa el mecanismo antes descrito (conquistas que proporcionen
esclavos, que sustituyan a campesinos libres para que puedan convertirse
en ciudadanos con obligaciones militares que vayan a conquistar más
esclavos) el sistema entero caería. El siglo II, en que los emperadores de la dinastía Antonina combaten eficazmente en una frontera cada vez mejor definida, ve la última conquista de una provincia: la Dacia en tiempo de Trajano. La crisis del siglo III, con su correlato de invasiones, anarquía militar y crisis ideológica que conlleva la expansión y posterior triunfo del cristianismo es en lo económico la crisis del modo de producción esclavista.
Los latifundios empiezan a ser cultivados por colonos semilibres, y los
esclavos escasean. No se reproducen fácilmente, no se adquieren por
conquista (los bárbaros
están pasando a ser la fuerza principal del ejército romano), e incluso
son liberados, a veces por motivos piadosos, lo que no oculta el
interés que los propietarios tienen de convertirse en algo parecido a lo
que serán los señores feudales. Las reformas de Diocleciano
salvan el Imperio un siglo más, pero empujan el sistema en un sentido
definitivamente feudal (los cargos públicos y oficios deben heredarse,
la presión fiscal hace opresiva la vida urbana). La ciudad decae, al
igual que la ciudadanía romana se extiende y deja de ser atractiva (Caracalla
la había concedido a todos los hombres libres). Ciudadanía y libertad
son conceptos que se han devaluado definitivamente. Cuando ser libre ya
no signifique nada, nada significará ser esclavo. Son otras relaciones
de producción.
Existe un intenso debate entre historiadores respecto a la cronología, las causas y las formas en que se produjo la transición entre el modo de producción esclavista y el modo de producción feudal, o transición entre esclavismo y feudalismo. La posición más clásica del materialismo histórico, empezando por la del propio Karl Marx, es situarlo en fechas tempranas, en la época de las invasiones bárbaras del siglo V; la historiografía materialista de mediados del siglo XX, como Perry Anderson, realiza una inclusión más sofisticada en un proceso de transición secular identificable con toda la Antigüedad tardía en Europa Occidental (desde la crisis del siglo III hasta el periodo post-carolingio -siglo IX-) y por otro lado autores vinculados a la francesa Escuela de Annales como Georges Duby o Pierre Bonnassie, apoyados en una ingente documentación, demuestran pervivencias fundamentales del esclavismo en la Alta Edad Media, hasta el siglo XI, en medio de la llamada revolución feudal. Según este último autor el auge del esclavismo se daría en el siglo VII.2
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